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miércoles, 29 de marzo de 2017

“De una plumada, los militares cambiaron la historia, borrando los episodios, las ideologías y los personajes que el régimen desaprobaba. Acomodaron los mapas, porque no había ninguna razón para poner el Norte arriba, tan lejos de la benemérita patria, si se podía poner abajo, donde quedaba más favorecida y, de paso, pintaron con azul de Prussia vastas orillas de aguas territoriales hasta los límites de Asia y de Africa y se apoderaron en los libros de geografía de tierras lejanas, corriendo las fronteras con toda impunidad, hasta que los países hermanos perdieron la paciencia, pusieron un grito en las Naciones Unidas y amenazaron con echarles encima los tanques de guerra y los aviones de caza. La censura, que al principio sólo abarcó los medios de comunicación, pronto se extendió a los textos escolares, las letras de las canciones, los argumentos de las películas y las conversaciones privadas. Había palabras prohibidas por bando militar, como la palabra “compñero”, y otras que no se decían por precaución, a pesar de que ningún bando las había eliminado, como libertad, justicia y sindicato.” […]
* Allende, Isabel, La Casa de los Espíritus”, Ed. Edivisión, 1985, pp. 337
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