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jueves, 26 de noviembre de 2015

DESASTRE DE FUKUSHIMA

El otro desastre de Fukushima: TEPCO                                   ISAAC ROSA


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Parece que el tsunami no es la única calamidad que ha caído sobre Fukushima, cuyo futuro sigue siendo incierto. Al desastre natural y al desastre nuclear se suma el desastre en la gestión de la empresa propietaria, TEPCO, cuyos errores y ocultación de información están complicándolo aún más.
La pregunta impotente que el primer ministro japonés lanzó a la empresa días después del accidente (“¿qué diablos está pasando?”), al comprobar cómo lo que le contaban no tenía nada que ver con lo que veía en su televisor, refleja un problema añadido, del que también deberíamos reflexionar dentro del prometido debate sobre seguridad: las consecuencias de dejar en manos privadas no ya sólo el funcionamiento de una central, sino también la gestión de un accidente.
La lista de errores de TEPCO es abultada, y han agravado el desastre. En los primeros días retrasaron la decisión de usar agua de mar porque eso inutilizaría los reactores para siempre, de modo que tomaron mayores riesgos para no dejar escapar la posibilidad de que la central volviese a funcionar un día. Tras eso, se han equivocado en las mediciones de radiactividad, exponiendo a mayor riesgo a los heroicos trabajadores, que encima sufren unas condiciones lamentables y no cuentan con protección suficiente, según han denunciado.
Ahora, por si todo lo anterior fuera poco, la empresa puede provocar una nueva explosión, esta vez económica: su delicada situación la deja al borde de la quiebra, y en tal caso estarían en riesgo las indemnizaciones, pero además dañaría la economía japonesa y afectaría al suministro eléctrico del país. Para evitarlo, tal vez el gobierno la rescate, con dinero público para variar.
Como además TEPCO es reincidente, pues en el pasado ya ocultó datos de seguridad y falseó inspecciones, el debate está sobre la mesa: si dejar en manos privadas algo tan vital como la energía es controvertido, hacerlo con la nuclear es especialmente delicado, y no digamos ya si la resolución de un accidente nuclear depende de una empresa cuya prioridad es la cuenta de resultados.


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