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martes, 23 de mayo de 2017

MEMORIAS DE UNA VACA. BERNARDO ATXAGA



Dejo este enlace sobre la novela de Bernardo Atxaga, lectura del tercer trimestre.

http://85.152.37.8/librosenruta/sitioweb/2pacifismo_actividades/Memorias%20de%20una%20vaca.pdf


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miércoles, 29 de marzo de 2017

NERUDA ENTREVISTADO POR GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ


“De una plumada, los militares cambiaron la historia, borrando los episodios, las ideologías y los personajes que el régimen desaprobaba. Acomodaron los mapas, porque no había ninguna razón para poner el Norte arriba, tan lejos de la benemérita patria, si se podía poner abajo, donde quedaba más favorecida y, de paso, pintaron con azul de Prussia vastas orillas de aguas territoriales hasta los límites de Asia y de Africa y se apoderaron en los libros de geografía de tierras lejanas, corriendo las fronteras con toda impunidad, hasta que los países hermanos perdieron la paciencia, pusieron un grito en las Naciones Unidas y amenazaron con echarles encima los tanques de guerra y los aviones de caza. La censura, que al principio sólo abarcó los medios de comunicación, pronto se extendió a los textos escolares, las letras de las canciones, los argumentos de las películas y las conversaciones privadas. Había palabras prohibidas por bando militar, como la palabra “compñero”, y otras que no se decían por precaución, a pesar de que ningún bando las había eliminado, como libertad, justicia y sindicato.” […]
* Allende, Isabel, La Casa de los Espíritus”, Ed. Edivisión, 1985, pp. 337
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CIEN AÑOS DE SOLEDAD

Cien años de soledad GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ Fragmento final



Aureliano no había sido más lúcido en ningún acto de su vida que cuando olvidó sus muertos y el dolor de sus muertos, y volvió a clavar las puertas y las ventanas con las crucetas de Fernanda para no dejarse perturbar por ninguna tentación del mundo, porque entonces sabía que en los pergaminos de Melquíades estaba escrito su destino. Los encontró intactos, entre las plantas prehistóricas y los charcos humeantes y los insectos luminosos que habían desterrado del cuarto todo vestigio del paso de los hombres por la tierra, y no tuvo serenidad para sacarlos a la luz, sino que allí mismo, de pie, sin la menor dificultad, como si hubieran estado escritos en castellano bajo el resplandor deslumbrante del mediodía, empezó a descifrarlos en voz alta. Era la historia de la familia escrita por Melquíades hasta en sus detalles más triviales, con cien años de antici-pación. La había redactado en sánscrito, que era su lengua materna, y había cifrado los versos pares con la clave privada del emperador Augusto, y los impares con claves militares lace-demonias. La protección final, que Aureliano empezaba a vislumbrar cuando se dejó confundir por el amor de Amaranta Úrsula, radicaba en que Melquíades no había ordenado los hechos en el tiempo convencional de los hombres, sino que concentró un siglo de episodios cotidianos, de modo que todos coexistieran en un instante. Fascinado por el hallazgo, Aureliano leyó en voz alta, sin saltos, las encíclicas cantadas que el propio Melquíades le hizo escuchar a Arcadio, y que eran en realidad las predicciones de su ejecución, y encontró anunciado el nacimiento de la mujer más bella del mundo que estaba subiendo al cielo en cuerpo y alma, y conoció el origen de dos gemelos póstumos que renunciaban a descifrar los pergaminos, no sólo por incapacidad e inconstancia, sino porque sus tentativas eran prematuras. En este punto, impaciente por conocer su propio origen, Aureliano dio un salto. Entonces empezó el viento, tibio, incipiente, lleno de voces del pasado, de murmullos de geranios antiguos, de suspiros de desengaños anteriores a las nostalgias más tenaces. No lo advirtió porque en aquel momento estaba descubriendo los primeros indicios de su ser, en un abuelo concupiscente que se dejaba arrastrar por la frivolidad a través de un páramo alucinado, en busca de una mujer hermosa a quien no haría feliz. Aureliano lo reconoció, persiguió los caminos ocultos de su descendencia, y encontró el instante de su propia concepción entre los alacranes y las mariposas amarillas de un baño crepuscular, donde un menestral saciaba su lujuria con una mujer que se le entregaba por rebeldía. Estaba tan absorto, que no sintió tampoco la segunda arremetida del viento, cuya potencia ciclónica arrancó de los quicios las puertas y las ventanas, descuajó el techo de la galería oriental y desarraigó los cimientos. Sólo entonces descubrió que Amaranta Úrsula no era su hermana, sino su tía, y que Francis Drake había asaltado a Riohacha solamente para que ellos pudieran buscarse por los laberintos más intrincados de la sangre, hasta engendrar el animal mitológico que había de poner término a la estirpe. Macondo era ya un pavoroso remolino de polvo y escombros centrifugado por la cólera del huracán bíblico, cuando Aureliano saltó once páginas para no perder el tiempo en hechos demasiado conocidos, y empezó a descifrar el instante que estaba viviendo, descifrándolo a medida que lo vivía, profetizándose a sí mismo en el acto de descifrar la última página de los pergaminos, como si se estuviera viendo en un espejo hablado Entonces dio otro salto para anticiparse a las predicciones y averiguar la fecha y las circunstancias de su muerte. Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.  

miércoles, 22 de marzo de 2017

"Continuidad de los parques" JULIO CORTÁZAR

 Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer. Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

miércoles, 22 de febrero de 2017

PROBLEMAS DE LA SEGMENTACIÓN VERBAL

EL ANÁLISIS VERBAL

DOCUMENTO EXTRAÍDO DE LA NUEVA GRAMÁTICA DE LA LENGUA ESPAÑOLA (TOMO I), Madrid, Espasa Libros, 2009.


Dadas las dudas y los problemas planteados en clase ante el análisis morfológico del verbo, a continuación vamos a explicar lo que sobre este tema aparece en la Gramática de la RAE.

1.- Del verbo podemos separar dos partes:
a) la RAÍZ (también llamada RADICAL o  BASE
LÉXICA)
b) DESINENCIA : conjunto de segmentos flexivos que
el verbo manifiesta. Estos son : la vocal temática (VT), tiempo y modo (TM) y persona y número (PN).

2.- LA VOCAL TEMÁTICA.
Determina las tres conjugaciones y sus formas son -a-, -e-, o -i-. Puede segmentarse dos dos maneras:

am (R)-á (VT)-ba (TM)-mos (PN)

[am-á] (TEMA)- ba (TM)- mos (PN)


La Gramática señala. "si se desea homogenizar los paradigmas, ha de suponerse que los segmentos VT,TM y PN no siempre tienen realización fonológica, o bien que han de estar representados por morfemas vacíos o nulos. Este problema ha dado lugar a diversas segmentaciones que difieren de forma considerable, lo que convierte la identificación de estas unidades en una cuestión muy polémica" (p. 183).

3.- Los temas se forman con la raíz y la vocal temática correspondiente, dando lugar a los temas de PRESENTE,FUTURO Y PASADO. Esto explica algunas formas de gerundios como "sintiendo", "durmiendo", que se forman a partir del tema de pretérito.

4.- PROBLEMAS DE SEGMENTACIÓN

Hay formas verbales que no poseen en su desinencia cada uno de los formantes de manera individualizada. Parte de las polémicas actuales en morfología derivan de este aspecto.

-Análisis posibles cuando se obtiene una sola vocal una vez aislada la RAÍZ.
A) Podemos suponer que es un AMALGAMA de las tres informaciones (VT; TM;PN).   Ejemplo: cant (raíz)- o (VT,TM,PN)
B) Otro análisis considera que la vocal -o- representa dos informaciones: TM y PN, excluyendo la vocal  temática. Cant(raíz)- o (TM,PN).
C) Otra alternativa es la que marca la VT con un ø (se le considera morfema carente de valor fonético).
D) Otra, para finalizar, lo haría así: cant (Raíz)-ø (VT),-o (TM),-ø (PN).

-Las formas del imperfecto de indicativo de la primera conjugación  también son susceptibles de diferentes segmentaciones:

La segmentación que aparece en vuestro libro de texto es:

cant-(R)-á (VT)-ba(TM)-mos(PN)

Sin embargo, hay otras propuestas que consisten en separar la información de Tiempo y Modo:

cant-(R)-ø (VT)-áb(T)-a(M)-mos(PN)

4.1. Hay un problema en la segmentación clásica de las formas de presente, ya que no reflejan de forma natural la oposición de modos.Las segmentaciones habituales de cantamos y cantemos no indican que el cambio de vocal se deba al cambio de modo:

cant(raíz)-a (VT)-mos(PN)

cant(raíz)-ø (VT)-e (TM)- mos (PN).

Si se quiere que el modo quede reflejado en ambos casos, debemos señalar en el indicativo la -a- como TM, pero ello obligará en otros tiempos del indicativo como el imperfecto, a disociar el morfema de tiempo y el de modo: cant- ø (VT)-áb-(T)-a (M)-mos (PN).